-Catalogo-
DEPREDADORES:
DESENCANTO Y CRÓNICA DE UN VACÍO.
Comenzaba a ser una tónica habitual la ausencia de Jacinto Lara en
las salas de arte cordobesas. Desde «Figura y entorno», muestra celebrada
en el Centro de Iniciativas Juveniles de Córdoba, Jacinto Lara no había expuesto
individualmente su obra en salas de la provincia. Ahora. expone en Palma del
Río la serie Depredadores. Una vez más, el artista resurge del tedio reinante
para intentaractivar el interés por la creación actual. Una acción que contrasta
con el escaso interés social hacia las exhibiciones artísticas que apreciamos
en los últimos tiempos.
Durante estos meses
el artista ha expuesto fuera de Córdoba: Luxemburgo, Francia, Dinamarca, Málaga...
mostrando los resultados de su trabajo intenso en el desarrollo de las posibilidades
de las «series», conjunto de obras con un hilo conductor temático y compositivo.
La más próxima en el tiempo, «Guerreros geométricos», se ha mostrado en Dinamarca,
en la exposición anual de Gronningen. Este grupo. que en la actualidad preside
Finn Mickelborg. ha dado sentido a la actividad artística contemporánea en
Dinamarca desde 1915. Anualmente celebran una muestra del quehacer de los
integrantes del grupo. En esa exposición siempre están presentes dos artistas
extranjeros que residan en el mismo país que alguno de los componentes del
grupo. Este año han sido invitados los españoles Eugenio Chicano y Jacinto
Lara. La crítica danesa ha considerado la aportación de ambos una dosis de
aire fresco dentro del panorama que se presentaba en Charlottenborg. la sede
de Gronningen.
Pocos días después
del regreso de Dinamarca. Jacinto Lara inauguraba en la Sala de Exposiciones
de la Universidad de Málaga. en la plaza de la Merced, una exposición individual
bajo el titulo Depredadores.. Los Seminarios Fons-Mellaria’93 dieron cobijo
a esta serie en un marco excepcional: el Claustro de las Monjas de Fuente-Obejuna.
El nueve es la clave de la serie: son nueve cuadros articulados sobre una
estructura de igual número de módulos: en la que siempre queda una de las
nueve celdas vacía. En cada obra ese cuadrado vacio ocupa un lugar diferente
en la retícula, pero es el ámbito en el que ocurre la acción no explícita,
que consuma el espectador que se siente cómplice del creador.
En Málaga. el espacio
de la sala fue laberíntico: un piso de altos techos, con pasillo distribuidor
y habitaciones de dimensiones cuadradas con tabiques horadados que permitían
la visión fragmentada de las obras. En Fuente-Obejuna, lienzos de pared continuos,
sin otra interrupción que las aristas de las esquinas. sirvieron de fondo
a la serie. Un cubo de sólidos y encalados machones que separan/unen múltiples
ventanas y contraventanas verdes, definía la planta cuadrada del patio: fuente
de luz que iluminaba las pinturas del artista cordobés y vacio simbólico en
diálogo con la obra. La modulación de habitaciones en Málaga. el recinto translúcido
central en Fuente-Obejuna, han mantenido inédita la visión global de la serie.
Palma del Río cuenta
con un recinto expositivo espléndido en la Casa de la Cultura. Dos naves dispuestas
paralelamente en un espacio que se percibe como único. Sólo recuerda esa dualidad
el eje longitudinal del mismo marcado por pilares de hormigón visto y un arco
suficientemente rebajado para hacer posible la visión unitaria de la galería.
La axialidad remarca el vado que abraza el perímetro de la sala. El diálogo
entre la obra y el espacio es ahora otro: un gran vacio central. las obras
en las paredes y el espectador, en su soledad rodeado por los cuadros. La
única limitación para la percepción compleja de la serie la impone nuestro
campo visual.
Este espacio genera
un comportamiento distinto del espectador: la obra se comporta de modo diferente:
se refuerza la interacción entre piezas vecinas y del conjunto con cada una
de las partes. La sala hará posible una comprensión progresiva de esta serie
en la que el vacio seguirá siendo el protagonista de la obra.
Los depredadores
sugieren al espectador numerosos vados, grandes incógnitas. El artista comparte
la percepción que tiene de la existencia y la civilización a través de la
pintura: Jacinto Lara busca en la plástica respuestas a problemas de la creación
artística y de la vida misma. En las diversas etapas emprendidas, su lenguaje
expresivo ha experimentado una continuada renovación: sin embargo reconocemos
una intención constante que le ha llevado a investigar sobre la esencia misma
del arte y la vida, entroncando con esa rica tradición de Oriente y Occidente
que ha buscado una explicación al problema existencial de los orígenes.
Al analizar esta
tendencia, observamos la desazón del individuo sensible que percibe el entorno
como una realidad infinita. Esa inquietud difiere poco de la que ha suscitado
la intuición de una dimensión suprahumana en el funcionamiento del Cosmos.
Esta proximidad
conceptual justifica que el artista haya intentado resolver esta tensión espiritual
traduciendo el problema a términos espaciales, definiendo un microcosmos más
abarcable, acotando el espacio visual, movido por el afán de crear segmentos
y delimitar territorios en un todo que es continuo, inabarcable, ininterrumpido.
Jacinto Lara en
su obra de los ochenta y los noventa delimito zonas espaciales. crea un ámbito
aparentemente neutro sobre el que aborda los problemas internos de la superficie
pictórica. El cuadro se convierte así en el escenario ideal en el que investiga
las relaciones entre realidades figurativas y abstractas. entre las diversas
capas de color, entre las superficies de color y la línea.
Lo figura, un grueso
contorno plano, no se logra mediante la superposición de la línea a la superficie
pictórica. Es más bien el vacio resultante de la ausencia de pintura: el fondo
que emerge encajado entre las diversas capas de pigmentos.
Las figuras humanas
de Jacinto Lara definen la esencia misma del individuo en su soledad existencial
y nos remiten al dilema entre la figura y el entorno. Este tema ha sido abordado
en sus «Saltadores» e «Icaros», series en las que ha ido reduciendo la anécdota
cotidiana hasta su completa extinción.
Emprendiendo así
un camino para superar la dialéctica entre abstracción y figuración. Las formas
figurativas y geométricas generan líneas de fuerza que se proyectan más allá
de los limites cartesianos del espacio pictórico y nos obligan a participar
del entorno circundante. No estamos ante el conflicto entre dos realidades
plásticas aparentemente yuxtapuestas -el fondo abstracto y la figura esquemática
-. El artista nos sitúa ante esa gran duda existencial que ni el propio Icaro
pudo intuir porque en su vuelo se interpuso el descenso, la caída.
Este ámbito constituye
un espacio extra pictórico, una realidad virtual o una evidencia inquietante.
Puede traducirse como incógnita existencial, como verdad imposible de desvelar
para muchos: sin embargo, Jacinto Lara convive con ella, la intuye desde su
profundidad creativa, desde su búsqueda vital.
JACINTO LARA: MITOLOGíAS PROFANAS
Fernando
Martín Martín. Sevilla 1993.
Hoy mas que nunca
conviene tener presente que en el arte hay individuos, no etiquetas, como
bien señala el prestigioso historiador Werner Hofmann. Jacinto Lara, pintor
autodidacta, ejemplifica de manera excelente esta certera aseveración. Su
obra no se adscribe a mas corriente que la generada desde su propia e íntima
formulación creativa. Iniciado en los años setenta, su trayectoria, si bien
en un principio posee evidentes concomitancias con el surrealismo y el expresionismo,
pronto evolucionó hacia un lenguaje a partir del cual encuentra su propio
estilo, dentro de lo que podríamos denominar o entender como una suerte de
sincretismo en el que se establece una ambivalente dialéctica entre abstracción
y representación, orientada hacia un doble y eficaz objetivo en el que contempla
por igual pintura y significado.
Depredadores, conjunto
de obras que justifica esta exposición, pertenece a la propuesta de trabajo
conocida como Serie, es decir, un tema común cuya reflexión plástica ofrece
distintas interpretaciones o variaciones sin perder un concepto base. No es
lo primera vez que el autor ha abordado este tipo de tarea, basta rememorar
sus ciclos recientes sobre los Trampolines -También conocido como Los Saltos-
o EI Ring, ambos de principios de los noventa, siendo su cita oportuna por
cuanto ya se podían ver en ellos ciertas preocupaciones que ahora han cobrado
una mayor y mas clara identidad. confirmando, dado su carácter, que nos encontramos
ante uno etapa de madurez plena.
Formada por nueve
lienzos, la serie Depredadores posee un formato idéntico (180 x 180) subdividido
a su vez por nueve módulos, uno de los cuales queda como espacio vacio de
ubicación siempre distinta, configurando una composición ortogonal. En sus
tersas y limpias superficies cromáticas los figuras un tanto sutiles de una
mujer y un saurio. se entregan a un feroz combate de manera que es difícil
discernir de modo completo en donde acaban sus respectivas naturalezas. consiguiendo
una impactante imagen en proceso, se diría, de metamorfosis. El mito como
metáfora y sistema que trata de explicar la realidad imaginativamente, ha
experimentado, en el contexto pictórico de estos últimos años, un destacado
interés, constituyendo un particular modo de expresar poéticamente y con pasión,
a través de símbolos y signos, sentimientos y obsesiones personales. A lo
largo de la lectura secuencial expuesta en los nueve cuadros, se revela un
inteligente discurso transfigurado acerca del amor como forma de antropofagia
espiritual, como paráfrasis de anhelo absoluto, en el que razón e impulso,
posesión y dominio, comparten un mismo y equivoco terreno sin alcanzar nunca
la aprehensión total, una ausencia simbólicamente visualizada en la reiterada
oquedad existente en cada una de las piezas. Las figuras entrelazados de la
mujer y el cocodrilo trazan con sus cuerpos una espiral como alegórica alusión
del hombre con el universo en su sentido evolutivo y de lucha permanente.
Hay en toda la
obra de JACINTO LARA una preocupación indiscutible por el espacio, por el
sistema de representación, que le conducen a relacionar una manera propia
de proposición que le sirve como método de ordenación de formas y figuras.
En este sentido, sus composiciones habitualmente están presididas por un rigor
geométrico extremo, conformado por una sabia dosificación cromática a base
de campos de color monocromos que estructuran el espacio de modo claro y ordenado.
En Depredadores, una reducida gama predominante de rojos, azules, ocres y
negros intensos, aplicados con su característica pincelada cuidada y lisa,
crea una sugestiva simbiosis entre figura y mancha de color, la cual tiende
casi siempre a evitar su expansión completa hasta los bordes del lienzo. Al
ser interferida por otras franjas. El resultado de esta planificación meticulosa,
es un juego de contrastes que vivifican intensamente toda la superficie, a
la vez que acentúa zonas concretas, logrando hermosas percepciones visuales.
Pintura sin retórica, alejada de toda pulsión mecanicista y gestual, Jacinto
Lara ha sabido elaborar una obra meditada y distinguida, en la que el hecho
plástico cobra una fértil dimensión dentro de un carácter abstracto geométrico
compuesto por brillantes y luminosas formas-color, a la vez de ser un pertinente
y matizado escenario para reflejar su locuaz pensamiento.
Revista Lapiz / nº 92
marzo abril 1993
Jacinto Lara. Malaga
Angel Luis Perez Villen
La repercusión que para la pintura está teniendo todo el cúmulo de
experiencias últimas que centran la atención en los mecanismos de la representación
y que aceptan indiscriminadamente el mestizaje disciplinar como salvaguarda
de una resolución feliz, no puede ser más que positiva. Y lo es doblemente,
porque si en principio es la pintura la beneficiaria al verse desplazada del
escenario -solapamiento momentáneo, pues la vuelta a la pintura se nos anuncia
inminente-, lo cual no deja de ser rentable para los que la consideran un
lenguaje plástico aún fértil, también lo será para todos los revisionistas
que añadan a su bagaje pictórico las enseñanzas derivadas del atentado contra
el padre-madre-pintura.
Estas convulsiones
no son dañinas para el medio porque suponen la necesaria autorreflexión y
regeneran el tejido ideológico del arte. Al menos a quienes nos movemos en
el campo de la crítica de arte nos proporcionan un material insustituible
para formular conjeturas. Sin embargo no viene a ser lo mismo para aquellos
acreedores que, movidos por los engranajes de dicción que crea el mercado
artístico, sufren sincrónicamente mudas de piel en consonancia con las consignas
que marca la moda artística. Jacinto Lara (Fernán Núñez, Córdoba, 1953) se
ha distinguido por mantenerse al margen de los reclamos colectivos y su obra,
que ha experimentado un renovado interés, ha venido a confirmarnos la solidez
del medio cuando el autor no se pierde entre rutinas culinarias y exigencias
del guión.
Fue a mediados
de la pasada década cuando su pintura abandona definitivamente cualquier atisbo
de servidumbre al discurso narrativo, al que con anterioridad había estado
sometida. A partir de entonces el surrealismo y el expresionismo dan paso
a una etapa en la que confluyen múltiples y variados intereses, desde el
análisis y la reinterpretación de la mitología hasta la experimentación sistemática
de los soportes, lo que le llevaría a admitir la objetualidad como ingrediente
básico de su pintura, amén de los redescubrimientos de la action painting
norteamericana a través del informalismo del pop-art -gracias al conocimiento
de los nuevos realistas y neo-dadaístas-, Monet, Morandi y por último Rothko.
Su obra reciente
es deudora por igual de todos ellos, pues bajo una acendrada economía formal
y de medios, palpitan muchas de las claves que durante estos últimos años
han definido su pintura. Series como Los Saltos, El Ring, Icaro o
Depredadores constituyen los hitos de su última y más interesante
etapa, en la que a modo de síntesis se dan cita la realidad abstraída, la
figura, la geometría y la psicología de la Gestalt, componiendo una suerte
de desnudez elegante y concisa que contrasta con el dramatismo e incluso
el misterio del que suele impregnarse el soporte semántico: el salto al vacío
desde el trampolín, la caída de Icaro y la violencia inherente a un combate
de boxeo o la acción depredadora de un carnívoro.
Depredadores
es una serie cerrada y compuesta de nueve obras de gran
formato, que a su vez constan de ocho módulos cuadrados cada una, quedando
el noveno en vacío. Esta ausencia, que rota circularmente, deviene ocultación
cuando se lee el ayuntamiento -aunque también podría entenderse como agresión-
al que se entregan la figura femenina y el saurio, pero cuya consumación nos
está vedada. La línea o banda que contornea las figuras es a su vez agente
transgresora de especies y mediadora entre la normativa ortogonal de los
planos geométricos y la interacción cromática a la que se someten los fondos.
Todo parece apuntar a una sosegada reflexión sobre la función representativa
de la pintura, asumiendo su ineludible compromiso icónico pero negándole
(solapando) el protagonismo de antaño.
Sala de Arte. Universidad
de Málaga. Plaza de la merced 21.